Beto quería llamar a sus amigos o salir con ellos, pero estaba demasiado ocupado y cansado, no tenía tiempo para nada. Le dolía mucho que sus amigos nunca lo buscaban, parecía que se sentaban a esperar a que él lo hiciera y ellos se limitaban a una mediocre amistad. Esto le había quitado las ganas, hacía mucho tiempo que no se sentía completamente feliz, su mirada andaba perdida y aún a lo lejos se podía ver en ella tristeza y un gran vacío que conmovía, buscando consuelo, pero nadie se lo daba. Beto extrañaba caminar por las calles y escuchar a las personas reír o al menos ver en ellas una alegre sonrisa, algo que lograra en él aunque sea la más leve risita que lo hiciera sentir vivo.
Pero, a medida que avanzaba sin rumbo por las largas avenidas, no observaba a nadie caminando; aunque físicamente las personas no estuviesen corriendo, sus mentes volaban hacia lugares diferentes, ya nadie iba tranquilamente. Todos sumidos en sus problemas, pensando solamente en ellos mismos, habían hecho del mundo un lugar lleno de egoísmo e inundado por falsas sonrisas de interés y decoro. Y, Beto no sentía contagiarse con esas risas y sonrisas que eran tan falsas como las supuestas amistades… tan falsas como aquel par de narices que en ese momento vio pasar frente a sus ojos. Entonces pensó que ahora todos prefieren gastar el dinero en cosas inútiles y superficiales, antes que dar un poco a aquel que realmente lo necesita.
Y, vino a su mente que él estaba siendo un granito de arena en esa enorme montaña de egoísmo. Él al igual que sus amigos estaba esperando que alguien más lo buscara, en lugar de tomar la iniciativa y hacer feliz a alguien que tal vez ahora mismo lo necesite.
Corrió a buscar un teléfono, porque su celular no tenía crédito. Se detuvo en seco cuando encontró unas cabinas. Entró al local, pidió una llamada y marcó inmediatamente. El teléfono timbró varias veces que para él fueron eternas. Por fin, al otro lado de la línea la más dulce voz contestó. Beto saludó a su amiga Vero con gran felicidad, pero ella inmediatamente empezó a llorar desconsolada, y dijo: “¡necesito ayuda, estoy desesperada!… gracias por llamar, eres justo la persona que quería escuchar”.
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